Hay varios tipos de
participación. Están los institucionalizados y los no institucionalizados. Entre
los primeros están todos aquellos mecanismos que han sido formalizados por
leyes y normas. Entre los segundos, aquellas acciones mediadas por mecanismos
de diálogo con autoridades: incidencia o cabildeos –promovidas generalmente por
las ONGs o plataformas de organizaciones- y por aquella en la que los ciudadanos obligan
a las autoridades a tomar determinadas decisiones. Es la participación
conflictiva.
La participación supone dos premisas
innegociables: organización y ciudadanía. Este tipo de participación genera
estabilidad, evita conflictos y garantizan la gobernabilidad democrática. De lo
que se trata, entonces, es de participar organizada y ciudadanamente y no simplemente
protestar o ser parte de movimientos sociales. Es decir, no se trata de
participar en protestas o movilizaciones callejeras impulsadas por la
indignación; o en jornadas electorales
para elegir autoridades nacionales, regionales y locales; o participar en manifestaciones
sociales con cierto tufillo violentista. De lo que se trata es de participar
sí, pero organizada y ciudadanamente. La participación organizada ayuda a
mejorar la calidad de las decisiones públicas, acerca la atención del Estado a
la población de manera más directa. Es decir, la participación organizada
resulta dando soporte al gobierno de turno.
El elemento que quiero
destacar de la participación organizada es su dimensión ciudadana. Aquí la
ciudadanía supone pertenencia e identidad. Un sujeto social es ciudadano cuando
se siente parte de una determinada comunidad y cuando siente que la comunidad
le pertenece. Solo en esa relación de mutua pertenencia se puede decir que se
adquiere status de ciudadano, de ciudadanía. La pertenencia, al mismo tiempo
que da sentido, ofrece identidad. Los ciudadanos saben que pertenecen a una
determinada comunidad porque existen características específicas que los
identifican. Nace así la identidad cultural, religiosa, social, política. En
resumen, sin pertenencia no hay identidad y sin identidad no existe compromiso
social y político que es la expresión objetiva de la ciudadanía.
La participación organizada
de ciudadanos supone personas capacitadas, comprometidas, con talante democrático,
dialogantes, planificadoras, gestoras, entre otras virtudes. Pero también
supone, debate, polémica y a veces conflicto. Es decir, la participación
organizada de ciudadanos supone procesos políticos que tienen su propio tiempo.
Destacar la ciudadanía de la
participación es muy importante. No basta con hablar de participación u
organiza-ción, es imprescindible que la participación sea de ciudadanos
organiza-dos. Fujimori, por ejem-plo, promovió la partici-pación y la organización
pero no la ciudadanía. Lo que obtuvo fue “pobres” organizados para recibir las
donaciones que su voluntad política lo determinaba. Participación organizada
sin ciudadanía es clientelismo político. La Izquierda Unida, por su parte,
aportó a la gestión pública su relación directa con las organizaciones sociales
y los incorporó en la toma de decisiones y en la gestión de su gobierno. Después
de Fujimori lo que quedó son organizaciones sociales debilitadas que se orientan por la “demanda” social, legitimando
de esta manera la visión empresarial del Estado y profundizando la abdicación de
su rol planificador y creador de propuestas de políticas públicas.
¿Qué hay de vendible de la gestión de Susana Villarán?
Lo vendible de la gestión de
la Confluencia por Lima que encabeza la c. Susana es precisamente aquel aporte que
la Izquierda Unida hizo a la política peruana y a la gestión pública: a) la participación organizada de
ciudadanos, b) la
institucionalización de los mecanismos de participación.
En la actual gestión se ha
visto el esfuerzo por institucionalizar los mecanismos de participación
ciudadana. Para tal efecto, se han dictado normas que la garantizan cuya
consecuencia directa ha sido el fortalecimiento de su institucionalidad. Sin
embargo, este avance sigue siendo insuficiente. En la actualidad se cuenta con diversos
mecanismos participativos como el Presupuesto Participativo, el Plan Regional
de Desarrollo Concertado, el Sistema Metropolitano de Política de Juventud y
actualmente el CODEL. Forma parte de esa estructura institucionalizada el RUOS
y el RUOJ. Pero lo que está quedando débil son los mecanismos para organizar a
la población, los mecanismos de capacitación y los mecanismos de comunicación.
“Respeta Barrio” como mecanismo de organización vecinal
Uno de los programas que
ayuda a organizar a la población del Cercado de Lima es “Respeta Barrio”. Este
programa promueve la organización vecinal desde la óptica de la seguridad ciudadana
cuyo fin es prevenir los efectos de la violencia social. El Programa convoca a
los vecinos y vecinas a las asambleas, facilita la elección de sus
representantes, capacita a sus líderes, asesora técnica y políticamente en sus
acciones y acompaña sus procesos de gestión ante las autoridades locales. Que
la Municipalidad convoque y facilite la asamblea de elecciones y luego se
constituya en un veedor del desarrollo de sus actividades, resulta siendo fundamental
para que los vecinos y vecinas apuesten por la organización.
Fuera de este Programa no
conozco otro que cumpla estas funciones. En tal sentido, existen escasos
programas de este tipo y una débil estrategia para promocionarlos. Hace falta
crear más programas que no solo promuevan la participación ciudadana sino que
ayuden a la población a organizarse, es decir, que ayuden a crear
organizaciones vecinales con un profundo sentido de ciudadanía. Creados estos
programas estaría pendiente su institucionalización, es decir, crear un paquete
de normas que le den soporte jurídico.
Escuelas descentralizadas de Capacitación
Alrededor del programa
“Respeta Barrio” está la Escuela de Líderes “Respeta Barrio” que tiene la
función de desarrollar capacidades y promover nuevos liderazgos. Así como esta
Escuela existen otras como “Barrio Mío”, “Lima Participa”, entre otros. Otra
vez, lo que está pendiente es institucionalizar estos mecanismos de desarrollo
de capacidades. Se precisa la creación de una sola entidad que esté encargada
de desarrollar las capacidades de los líderes. Esto puede hacerse a través de
una sola Escuela o de una Escuela Metropolitana descentralizada.
Gerencia de Comunicaciones
Otro de los espacios vacíos
que hay que llenar es aquel que tienen que ver con los mecanismos de
comunicación. La comunicación en su estructura básica supone un emisor, un
mensaje y un receptor. Y el circuito de la comunicación supone intermitencias,
es decir, en una comunicación fluida el emisor hace las veces de receptor y el
receptor de emisor. Solo así el mensaje es capaz de construir ciudadanía. En la
MML existen varios mecanismos de comunicación desde los más simples a los más
complejos: buzón de sugerencias, stand de atención al ciudadano, líneas
telefónicas para recibir quejas por la mala atención de funcionarios públicos,
“Susana Responde” (cuenta de twitter) atención
directa en las Casas Vecinales, entre otros. Sin embargo, hace falta unificar todos
estos mecanismos de comunicación. Esta unificación se puede dar a través de una
Gerencia de Comunicaciones que se encargue elaborar un Plan Comunicacional
Institucional, estrategias comunicacionales y de proponer políticas públicas
con contenido comunicacional. Esta entidad puede incluir entre sus acciones
mecanismos de información sobre las actividades desarrolladas por la MML.

No hay comentarios:
Publicar un comentario