viernes, 11 de abril de 2014

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA?


Hay varios tipos de participación. Están los institucionalizados y los no institucionalizados. Entre los primeros están todos aquellos mecanismos que han sido formalizados por leyes y normas. Entre los segundos, aquellas acciones mediadas por mecanismos de diálogo con autoridades: incidencia o cabildeos –promovidas generalmente por las ONGs o plataformas de organizaciones-  y por aquella en la que los ciudadanos obligan a las autoridades a tomar determinadas decisiones. Es la participación conflictiva.
La participación supone dos premisas innegociables: organización y ciudadanía. Este tipo de participación genera estabilidad, evita conflictos y garantizan la gobernabilidad democrática. De lo que se trata, entonces, es de participar organizada y ciudadanamente y no simplemente protestar o ser parte de movimientos sociales. Es decir, no se trata de participar en protestas o movilizaciones callejeras impulsadas por la indignación; o en  jornadas electorales para elegir autoridades nacionales, regionales y locales; o participar en manifestaciones sociales con cierto tufillo violentista. De lo que se trata es de participar sí, pero organizada y ciudadanamente. La participación organizada ayuda a mejorar la calidad de las decisiones públicas, acerca la atención del Estado a la población de manera más directa. Es decir, la participación organizada resulta dando soporte al gobierno de turno.
El elemento que quiero destacar de la participación organizada es su dimensión ciudadana. Aquí la ciudadanía supone pertenencia e identidad. Un sujeto social es ciudadano cuando se siente parte de una determinada comunidad y cuando siente que la comunidad le pertenece. Solo en esa relación de mutua pertenencia se puede decir que se adquiere status de ciudadano, de ciudadanía. La pertenencia, al mismo tiempo que da sentido, ofrece identidad. Los ciudadanos saben que pertenecen a una determinada comunidad porque existen características específicas que los identifican. Nace así la identidad cultural, religiosa, social, política. En resumen, sin pertenencia no hay identidad y sin identidad no existe compromiso social y político que es la expresión objetiva de la ciudadanía.
La participación organizada de ciudadanos supone personas capacitadas, comprometidas, con talante democrático, dialogantes, planificadoras, gestoras, entre otras virtudes. Pero también supone, debate, polémica y a veces conflicto. Es decir, la participación organizada de ciudadanos supone procesos políticos que tienen su propio tiempo.

Destacar la ciudadanía de la participación es muy importante. No basta con hablar de participación u organiza-ción, es imprescindible que la participación sea de ciudadanos organiza-dos. Fujimori, por ejem-plo, promovió la partici-pación y la organización pero no la ciudadanía. Lo que obtuvo fue “pobres” organizados para recibir las donaciones que su voluntad política lo determinaba. Participación organizada sin ciudadanía es clientelismo político. La Izquierda Unida, por su parte, aportó a la gestión pública su relación directa con las organizaciones sociales y los incorporó en la toma de decisiones y en la gestión de su gobierno. Después de Fujimori lo que quedó son organizaciones sociales debilitadas  que se orientan por la “demanda” social, legitimando de esta manera la visión empresarial del Estado y profundizando la abdicación de su rol planificador y creador de propuestas de políticas públicas.

¿Qué hay de vendible de la gestión de Susana Villarán?

Lo vendible de la gestión de la Confluencia por Lima que encabeza la c. Susana es precisamente aquel aporte que la Izquierda Unida hizo a la política peruana y a la gestión pública: a) la participación organizada de ciudadanos, b) la institucionalización de los mecanismos de participación.
En la actual gestión se ha visto el esfuerzo por institucionalizar los mecanismos de participación ciudadana. Para tal efecto, se han dictado normas que la garantizan cuya consecuencia directa ha sido el fortalecimiento de su institucionalidad. Sin embargo, este avance sigue siendo insuficiente. En la actualidad se cuenta con diversos mecanismos participativos como el Presupuesto Participativo, el Plan Regional de Desarrollo Concertado, el Sistema Metropolitano de Política de Juventud y actualmente el CODEL. Forma parte de esa estructura institucionalizada el RUOS y el RUOJ. Pero lo que está quedando débil son los mecanismos para organizar a la población, los mecanismos de capacitación y los mecanismos de comunicación. 

“Respeta Barrio” como mecanismo de organización vecinal

Uno de los programas que ayuda a organizar a la población del Cercado de Lima es “Respeta Barrio”. Este programa promueve la organización vecinal desde la óptica de la seguridad ciudadana cuyo fin es prevenir los efectos de la violencia social. El Programa convoca a los vecinos y vecinas a las asambleas, facilita la elección de sus representantes, capacita a sus líderes, asesora técnica y políticamente en sus acciones y acompaña sus procesos de gestión ante las autoridades locales. Que la Municipalidad convoque y facilite la asamblea de elecciones y luego se constituya en un veedor del desarrollo de sus actividades, resulta siendo fundamental para que los vecinos y vecinas apuesten por la organización.
Fuera de este Programa no conozco otro que cumpla estas funciones. En tal sentido, existen escasos programas de este tipo y una débil estrategia para promocionarlos. Hace falta crear más programas que no solo promuevan la participación ciudadana sino que ayuden a la población a organizarse, es decir, que ayuden a crear organizaciones vecinales con un profundo sentido de ciudadanía. Creados estos programas estaría pendiente su institucionalización, es decir, crear un paquete de normas que le den soporte jurídico.
Escuelas descentralizadas de Capacitación
Alrededor del programa “Respeta Barrio” está la Escuela de Líderes “Respeta Barrio” que tiene la función de desarrollar capacidades y promover nuevos liderazgos. Así como esta Escuela existen otras como “Barrio Mío”, “Lima Participa”, entre otros. Otra vez, lo que está pendiente es institucionalizar estos mecanismos de desarrollo de capacidades. Se precisa la creación de una sola entidad que esté encargada de desarrollar las capacidades de los líderes. Esto puede hacerse a través de una sola Escuela o de una Escuela Metropolitana descentralizada.
Gerencia de Comunicaciones
Otro de los espacios vacíos que hay que llenar es aquel que tienen que ver con los mecanismos de comunicación. La comunicación en su estructura básica supone un emisor, un mensaje y un receptor. Y el circuito de la comunicación supone intermitencias, es decir, en una comunicación fluida el emisor hace las veces de receptor y el receptor de emisor. Solo así el mensaje es capaz de construir ciudadanía. En la MML existen varios mecanismos de comunicación desde los más simples a los más complejos: buzón de sugerencias, stand de atención al ciudadano, líneas telefónicas para recibir quejas por la mala atención de funcionarios públicos, “Susana Responde”  (cuenta de twitter) atención directa en las Casas Vecinales, entre otros. Sin embargo, hace falta unificar todos estos mecanismos de comunicación. Esta unificación se puede dar a través de una Gerencia de Comunicaciones que se encargue elaborar un Plan Comunicacional Institucional, estrategias comunicacionales y de proponer políticas públicas con contenido comunicacional. Esta entidad puede incluir entre sus acciones mecanismos de información sobre las actividades desarrolladas por la MML.

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